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Pesadillas nacionales: películas distópicas mexicanas

Escrito por: Tomado de Internet

Desde perturbadoras visiones del futuro hasta los más cruentos reflejos de la sociedad actual.

El diccionario de la Real Academia Española define distopía como la «representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana». Una descripción sencilla, pero que abarca todo tipo de posibilidades para capturar la decadencia humana, lo que le ha convertido en una de las ramas más importantes de la ciencia ficción. El subgénero, asimismo, ha inspirado múltiples clásicos en literatura, cine y televisión, que van de la obra de Aldous Huxley a Niños del hombre (2006) y desembocando en algunos de los mejores episodios de Black Mirror (2011). Las películas distópicas mexicanas han hecho un esfuerzo también por ser espejos de nuestros vicios humanos.

Sobre todo en el nuevo milenio, el cine mexicano ha explorado el subgénero con películas que aprovechan sus propiedades para reflexionar sobre el creciente desencanto de amplios sectores de la población. A continuación un recuento de algunas de las distopías más importantes de la industria nacional.

Nota: La siguiente lista se encuentra en orden cronológico.

El año de la peste (Dir. Felipe Cazals, 1979)

El cine de epidemias siempre ha deambulado por distintos subgéneros. En el caso de El año de la peste, Felipe Cazals se decanta por una mezcla de dramatismo ante la crisis sanitaria que azota a una ciudad mexicana, pero también por la distopía provocado por el pobre trabajo realizado por las autoridades, que parten del negacionismo que tanto conviene a sus intereses particulares al más cruento despojo de las víctimas. buscarán así contener la propagación de la epidemia y el malestar de una sociedad maltrecha. Por casi 40 años se le consideró una ficción como tantas otras, hasta que la pandemia de COVID_19 demostró sus perturbadoras capacidades predictivas. Una prueba más de la calidad, así como de la visión crítica que siempre ha caracterizado al director.

El corazón de la noche (Dir. Jaime Humberto Hermosillo, 1983)

La distopía se caracteriza por sus mensajes sociales, pero pocos tan peculiares como los transmitidos por El corazón de la noche, cuya inusual premisa sigue sorprendiendo hasta nuestros días. Sigue a un instructor de manejo cuya atracción por una joven sordomuda relacionada con un hombre invidente le conduce a un grupo secreto integrado por personas con capacidades diferentes, que pretenden castigar a una sociedad que les ha marginado por su «falta de normalidad». El personaje debe enfrentar una persecución y una decisión de la que no hay vuelta atrás, lo que desemboca en una de las mejores exponentes de la distopía mexicana, enaltecida por la estupenda actuación de Pedro Armendáriz Jr.

2033 (Dir. Francisco Laresgoiti, 2003)

La ópera prima de Francisco Laresgoiti se desarrolla en un futuro no muy lejano, en el que la ciudad capital –renombrada Villaparaíso– es regida por un gobierno totalitario que ha garantizado el control de las masas con la supresión del pensamiento ideológico y la distribución de un químico que condiciona su accionar. Una crisis que parece no tener fin, hasta que el hijo adoptivo de la máxima autoridad política se convierte en un líder para los oprimidos que anhelan una revolución. Sus bases combinan elementos vistos en Metrópolis (1927), las obras maestras de Aldous Huxley e incluso el pensamiento cristero, para ofrecer una de las distopías mexicanas más ambiciosas de todos los tiempos. La primera parte de una presunta trilogía cuyo desarrollo continúa pendiente.

Sleep Dealer (Dir. Alex Rivera, 2008)

Una película poco conocida, que combina la realidad mexicana actual con el futuro tecnológico descrito por los grandes autores de la distopía literaria. Sigue a un campesino mexicano radicado en Estados Unidos, quien sueña con incorporarse a las grandes empresas tecnológicas que dominan el país. Bases aparentemente sencillas, pero que conducen a una trama cada vez más elaborada ante la presencia de mundos virtuales y el dominio de la información. La cinta retrata un mundo que, si bien da la sensación de estar cada vez más unido por sus avances, realmente está más fragmentado que nunca por las diferencias que han rezagado a tantos.

La última muerte (Dir. David Ruiz, 2011)

La manipulación genética es un tema recurrente de la distopía contemporánea. El cine mexicano contribuyó a la tendencia con La última muerte, sobre un hombre que vive un abrupto encuentro con un joven amnésico, cuyos registros de identidad no figuran en ningún sitio. Sus deseos por ayudarle conducen a un perturbador descubrimiento en el que los deseos más profundos de la naturaleza humana se enfrentan de lleno a la ética científica. Sus esfuerzos por imitar lo hecho por otros títulos le tornan imperfecta, pero no le impiden sobresalir por los continuos cuestionamientos morales que arroja.

Depositarios (Dir. Rodrigo Ordoñez, 2011)

La clonación es una de las grandes preocupaciones de la ciencia venidera y, como tal, ha sido trasladada el cine en numerosas ocasiones. Tal es el caso de Depositarios, que extrae elementos de películas sci-fi tan variadas como La isla (2005), Blade Runner (1982) y Fuga en el siglo 23 (1976) para mostrar un México donde las tareas más arduas son reservadas para estos seres artificiales. Dos agentes de la ley deberán resolver una serie de crímenes relacionados con este nuevo segmento social. La película destaca por los dilemas morales que plantea, propios de un mundo obsesionado con los avances y que rara vez se detiene a pensar en las consecuencias.

Plan sexenal (Dir. Santiago Cendejas, 2014)

La ambiciosa ópera prima de Santiago Cendejas inicia como una película política que aprovecha elementos del thriller y el terror para plasmar el sentir de una nación desencantada por las continuas transiciones políticas que no desembocan en ninguna parte. El paso de los minutos obliga a lecturas más profundas, con una pareja cuyos continuos percances simbolizan los crecientes miedos de una sociedad cada vez más dividida, desconfiada, iracunda e incluso violenta. Se trata de un drama psicológico que se apoya en una estética hiperrealista, para la construcción de un país sumido en la anarquía y con la que se plasma la cara más oscura de la realidad contemporánea, así como las visiones más dantescas de un futuro incierto.

Los parecidos (Dir. Isaac Ezban, 2015)

Si Isaac Ezban se ha convertido en uno de los grandes referentes del sci-fi mexicano contemporáneo es en buena parte por el valor simbólico que ha dado a cado una de sus películas. Tal es el caso de Los parecidos, que combina elementos de la distopía, el terror e incluso el pulp en un contexto tortuoso para el imaginario nacional: el 2 de octubre de 1968. El director nos traslada a la madrugada de dicho día y nos muestra a un grupo de personas que, varadas en una estación por la lluvia, van perdiendo la identidad uno a uno. Se trata de una mezcla de géneros y estéticas poco recurrente en nuestra industria y que desemboca en una trama dotada de interesantes metáforas sociopolíticas, que bien podrían ocupar un lugar de honor en La dimensión desconocida (1959).

Nuevo orden (Dir. Michel Franco, 2020)

Las películas de Michel Franco siempre han sido divisivas, pero ninguna al nivel de Nuevo orden, que ha generado opiniones de lo más diversas: desde acusaciones por su clasismo, ser considerada la mejor distopía fílmica de los últimos años e incontables comparativos con Parásitos (2019). Todo esto a partir de una trama tenuemente futurista, lo suficiente como para explorar un conflicto social que para muchos parece inminente ante las diferencias que aquejan, no sólo a México, sino a tantas naciones del mundo. La trama avanza vertiginosamente a partir de una fastuosa boda, cuyas segmentaciones entre invitados y servicio son síntomas claro de algo que se acerca: un golpe de Estado y, como su nombre lo indica, el surgimiento de un nuevo orden, donde las clases dominantes serán sometidas por los históricamente oprimidos. 

https://www.cinepremiere.com.mx/peliculas-distopicas-mexicanas.html


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