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El rey de la comedia: El alma de Scorsese hecha película

Escrito por: Tomado de Internet

La película El rey de la comedia cumple la cuota scorsesiana a raudales. Un deleite cinematográfico imposible de ignorar.

No son pocos los que, desde su aparición en 1982, han renegado un poco –o mucho– de la película El rey de la comedia. A la mayor parte de estos inconformes no les parece una cinta lo suficientemente scorsesiana (a saber lo que abarca con exactitud el término) y, con ello, la relegaron de manera automática a ese extraño y subjetivo apartado de las creaciones incomprendidas. Un rincón al que fueron a parar el libro Finnegans Wake, de James Joyce, o el disco Sandinista! de los punketos de The Clash, por mencionar un par de ejemplos. 

Sin embargo, la crónica cinematográfica del que quizá sea el personaje de pantalla más patético de la segunda mitad del siglo XX lleva unos cuantos años sometida a un proceso de revisión. Uno que, por fin, la ha llevado al sitio que merece. Incluso los detractores más aferrados del El rey de la comedia empiezan a verla como una película con algunos de los rasgos habituales del canon del director italoamericano. El filme posee la violencia de Calles peligrosas (1973) –aunque no se derrame una sola gota de sangre–, la oscuridad de Taxi Driver (1976) –o de las posteriores Cabo de miedo (1991) o La isla siniestra (2010)– y, claro, ese dejo de incomodidad, de absurda incomodidad –por tratar de darle un término–, que puebla la filmografía de Scorsese (¿recuerdan el “How Am I Funny?” de Buenos muchachos (1990)?). 

En ese sentido, El rey de la comedia cumple la cuota scorsesiana a raudales, al punto de convertirla en una película complicada de ver. La protagoniza un individuo llamado Rupert Pupkin (un De Niro completísimo) cuya personalidad es tan agradable como una deuda hipotecaria; un rasgo que él mismo desconoce o reprime, pues posee la delirante convicción de que será la próxima gran estrella del stand up. Lo peor es que quienes lo rodean no son más simpáticos ni mejores personas y, por demás, la anécdota a la que obedecen, producto de la mente (que a juicio personal se antoja bastante torcidilla) de un tal guionista llamado Paul D. Zimmerman, no es demasiado entretenida ni brillante; menos aun para los estándares de guiones que había en esa época prodigiosa del cine. 

Para colmo, El rey de la comedia se trata de una película supuestamente bajo el género que su título indica; una con la que no te ríes absolutamente nada, lo que podría juzgarse como un timo o, de plano, como un gesto de cinismo y mala leche. Pero, claro está, ¿qué importa todo ello si al final, de cualquier manera, uno no puede dejar de verla? Tras esa decisión, además, no hay rastros de masoquismo o un impulso morboso sino un verdadero gozo estético; es decir, por la oportunidad de dejarse llevar (una vez más) por ese je ne seis quoi que Scorsese ha dejado registrado en toda su obra y que en el título referido no es excepción. 

No por nada, directores como Todd Phillips –quien aceptó haber moldeado su Joker a semejanza de Pupkin–, han aceptado su influencia. Ha habido y habrá más, de eso estamos seguros. De lo que no, es de los que tengan el valor de admitirlo. 

https://www.cinepremiere.com.mx/pelicula-el-rey-de-la-comedia-martin-scorsese.html


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