Weekly News

ImprimirRecomendar nota

Desenmascarar a Banksy se volvió un juego fútil

Escrito por: Tomado de Internet

La “gran revelación de Banksy” de la semana pasada habría sido una trama muy aburrida para Scooby Doo. El artista, de enorme popularidad, ha mantenido su verdadera identidad más o menos en secreto durante más de tres décadas; sus seguidores habían especulado que el hombre detrás de las obras de arte callejero favoritas Niña con globo y Policías besándose podría ser cualquiera, desde el músico de Massive Attack Robert Del Naja hasta el presentador de Art Attack, Neil Buchanan.

Su estilo característico es tan reconocible como cualquier otro en el arte contemporáneo: atrevidas pinturas con esténciles y concisos mensajes políticos, al igual que su forma de organizar exposiciones.

Muchos son los propietarios que se despiertan pensando: “¡Oh, no, mi pared ha sido vandalizada!”, sólo para darse cuenta de que su pared se ha convertido en el lienzo de una obra de arte muy valiosa. Sin embargo, el hombre en sí siempre ha sido un enigma. Esta semana, Reuters afirmó haber identificado definitivamente al enigmático artista –por medio de detalles de un informe policial histórico– como el hombre de Bristol, antes conocido como Robin Gunningham (pero que, según se dice, cambió legalmente su nombre a David Jones para preservar su anonimato).

En cuanto a sorpresas, ésta es un tanto predecible. Jones/Gunningham es un nombre que se ha barajado varias veces a lo largo de los años. En 2008 por el Mail on Sunday y en 2016 por investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres, quienes afirmaron haber probado la identidad del artista mediante análisis de geolocalización. Muchos detalles de la vida de Jones/Gunningham siguen siendo desconocidos: The Telegraph informa que “muy probablemente” es el propietario de la multimillonaria empresa NTS Services Limited (antes Nothing To See Limited), que podría residir actualmente en Estados Unidos y que vivió durante un tiempo con una pareja femenina no hace mucho.

Gunningham asistió a una escuela privada durante su infancia, una ironía vocacional que no pasó desapercibida para la prensa en 2007. Pero entre los fanáticos de Banksy, siempre ha existido una actitud general de deliberada indiferencia, preservando el anonimato mucho después de que surgieran informes aparentemente creíbles sobre la verdadera identidad de Banksy. Es muy parecido a la escena de Spider-Man 2, cuando Peter Parker se quita la máscara y un tren lleno de civiles agradecidos deciden olvidar su rostro.

“Intereses sociales vitales”

El abogado de Banksy declaró a Reu-ters que el artista “no acepta que muchos de los detalles que figuran en su consulta sean correctos” y reiteró sus razones para mantener su identidad en privado. Parte de esto se debe a la seguridad: afirma que Banksy ha sido objeto de “comportamiento obsesivo, amenazante y extremista” en el pasado. Pero también hay razones más amplias e ideológicas. “Trabajar de forma anónima o con un seudónimo sirve a intereses sociales vitales”, afirmó. “Protege la libertad de expresión al permitir que los creadores digan la verdad al poder sin temor a represalias, censura o persecución, especialmente cuando abordan temas delicados como la política, la religión o la justicia social”.

Quizás el mayor incentivo para que Banksy permanezca en el anonimato sea algo implícito: en el fondo, más que nada, puede tratarse de una cuestión de imagen. El misterio que rodea la identidad de Banksy ha sido uno de los aspectos más analizados de su obra y la idea de que en realidad sea sólo un tipo cualquiera –un antiguo alumno de un colegio privado, nada menos– disipará gran parte de su misticismo, tan difícilmente ganado. Sin embargo, también es cierto que muchos de los incentivos que Banksy tenía para permanecer en el anonimato se han desvanecido. Ya no corre el riesgo real de ser procesado por vandalismo. Sus obras, algunas de las cuales se han vendido en subastas por cifras millonarias, han sido bien recibidas por el mismo sistema que pretende criticar (aunque algunos las consideren triviales y simplistas).

Es más, para alguien tan preocupado por el anonimato, Banksy ha sido, en cierto modo, hipervisible. Si antes podía aparecer y pintar grafitis en cualquier esquina, ahora sus obras (cada vez más ambiciosas) requieren una sigilosidad casi militar para su ejecución. Sus obras se han expuesto en galerías. Ha dirigido un documental nominado al Oscar (Exit Through the Gift Shop, de 2010). Tiene su propia página de Instagram, donde comparte fotos de su arte y, ocasionalmente, videos del proceso de creación.

En 2015, inauguró su propio parque temático satírico, conocido como Dismaland, un extenso proyecto cerca de una playa de Somerset. A menudo ha exhibido su trabajo en Glastonbury: el chaleco antibalas con grafitis que lució Stormzy o la lancha inflable de migrantes que rebotó entre el público durante la actuación de Idles. Éstas no son las acciones de un grafitero furtivo, sino los ostentosos performances de un artista en el ojo público.

Banksy puede ser el artista anónimo más famoso del mundo, pero no es el único. Elena Ferrante, la exitosa autora italiana de La hija perdida y Mi amiga estupenda, nunca ha revelado su verdadero nombre. El rapero emergente de drill EsDeeKid ha mantenido su identidad oculta con un pasamontaña, lo que provocó especulaciones (ya desmentidas) de que en realidad era el actor de Dune Timothée Chalamet. Otros artistas, como Daft Punk y Orville Peck, han optado por mantener sus rostros ocultos tras máscaras, incluso aunque sus nombres reales sean de dominio público.

La cuestión es si el público y los medios de comunicación tienen el deber de respetar el deseo de anonimato de un artista. Hasta cierto punto, existe una diferencia significativa entre la privacidad –un derecho que todos tenemos– y el anonimato. Exponerse al mundo a través del arte, ya sea mediante actuaciones en vivo o pintadas en edificios, es en sí mismo un acto de revelación, y cuanto más famoso se hacía Banksy, más inevitable se volvía que su velo de discreción se desvaneciera.

Desde una perspectiva académica, resulta útil analizar la obra de Banksy a la luz de su personalidad. Si bien existen quienes se adhieren a la teoría de Roland Barthes sobre la “muerte del autor” –que postula que la intención y la biografía del autor deben obviarse en la crítica artística–, el arte, en general, siempre se ha interpretado y comprendido mediante el contexto de su creador. Y cuando un artista es tan omnipresente como Banksy, este contexto se busca activamente, le guste o no. Saber quién es Banksy –o quién se supone que es– no disminuye el poder de su arte, sino que lo enriquece, dotándolo de nuevos significados y contradicciones.

Esta nueva revelación no cambiará mucho. Es difícil imaginar a Banksy adoptando de repente el estilo de vida de las celebridades, asistiendo a estrenos de películas y participando en el pódcast Off Menu. Hay algo romántico en su fidelidad al seudónimo y muchos de sus fanáticos seguirán admirándola. La verdad es que ningún hombre real podría estar a la altura del mito desmesurado de Banksy. Ni siquiera Neil Buchanan.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/19/cultura/desenmascarar-a-banksy-se-volvio-un-juego-futil


Publicar en:

Más información en ésta sección

Comentarios en ésta nota

Opina sobre ésta nota