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Cuando el cielo anunciaba esperanza: la historia de los primeros vuelos que marcaron a Cananea

Escrito por: Margarita Velarde

Cananea, Sonora, 24 de julio de 2026.- Hubo un tiempo en que el cielo de Cananea también daba noticias. En una época sin teléfonos celulares ni tecnología para seguir el trayecto de un vuelo, el rugido de los motores de un avión era el anuncio de una llegada.

Bastaba escuchar aquel sonido para que grandes y pequeños dirigieran la mirada al cielo, imaginando quién vendría a bordo de esa aeronave.

Las calles parecían detenerse por un instante. Los adultos levantaban la vista para descubrir la aeronave entre las nubes, mientras los niños seguían su trayectoria con asombro. Seguramente, más de uno imaginó que algún día sería piloto y recorrería los cielos.

Otros, en cambio, sentían cómo el corazón les latía con fuerza porque sabían que ese vuelo traía de regreso a alguien especial, un padre, una madre, un hermano o un amigo al que esperaban con ilusión.

Así lo recuerda Francisco Javier Portillo, conductor del programa "Mi Pueblo", que se transmite por Oro Radio, al compartir parte de la historia de la aviación en Cananea, una etapa que dejó huella en la memoria de generaciones enteras.

Portillo explica que, durante aquellos años, el servicio aéreo representó un importante vínculo entre Cananea y otras ciudades del país.

La actividad minera y el desarrollo económico impulsaron la llegada de vuelos que transportaban trabajadores, empresarios, correspondencia y visitantes, fortaleciendo la comunicación de la región con el resto de México.

Entre las anécdotas que rescata destaca una transformación que marcó a la aviación comercial. En los primeros años, las mujeres eran las encargadas de atender a los pasajeros durante los vuelos.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esa labor comenzó a ser desempeñada por hombres, reflejando los cambios que vivía la industria aeronáutica y la evolución de las funciones dentro de las aerolíneas.

Cada vuelo era un acontecimiento. Las despedidas y los reencuentros convertían al aeropuerto en un lugar lleno de emociones.

Para muchos habitantes del Mineral, ver despegar o aterrizar un avión era mucho más que observar una aeronave; era contemplar el progreso de una comunidad que mantenía abiertas sus puertas al mundo.

A través de estas historias, Francisco Javier Portillo invita a rescatar una parte del patrimonio histórico de Cananea, recordando aquellos días en que el sonido de los motores bastaba para despertar la imaginación de los niños, la emoción de las familias y el orgullo de una comunidad que encontró en la aviación un puente hacia nuevas oportunidades.

Porque la historia de Cananea también se escribió desde el aire, entre el rugido de los motores, los sueños de quienes anhelaban volar y la emoción de quienes esperaban, con la mirada puesta en el cielo, el regreso de un ser querido.Escrito por: Margarita Velarde

Cananea, Sonora, 24 de julio de 2026.- Hubo un tiempo en que el cielo de Cananea también daba noticias. En una época sin teléfonos celulares ni tecnología para seguir el trayecto de un vuelo, el rugido de los motores de un avión era el anuncio de una llegada.

Bastaba escuchar aquel sonido para que grandes y pequeños dirigieran la mirada al cielo, imaginando quién vendría a bordo de esa aeronave.

Las calles parecían detenerse por un instante. Los adultos levantaban la vista para descubrir la aeronave entre las nubes, mientras los niños seguían su trayectoria con asombro. Seguramente, más de uno imaginó que algún día sería piloto y recorrería los cielos.

Otros, en cambio, sentían cómo el corazón les latía con fuerza porque sabían que ese vuelo traía de regreso a alguien especial, un padre, una madre, un hermano o un amigo al que esperaban con ilusión.

Así lo recuerda Francisco Javier Portillo, conductor del programa "Mi Pueblo", que se transmite por Oro Radio, al compartir parte de la historia de la aviación en Cananea, una etapa que dejó huella en la memoria de generaciones enteras.

Portillo explica que, durante aquellos años, el servicio aéreo representó un importante vínculo entre Cananea y otras ciudades del país.

La actividad minera y el desarrollo económico impulsaron la llegada de vuelos que transportaban trabajadores, empresarios, correspondencia y visitantes, fortaleciendo la comunicación de la región con el resto de México.

Entre las anécdotas que rescata destaca una transformación que marcó a la aviación comercial. En los primeros años, las mujeres eran las encargadas de atender a los pasajeros durante los vuelos.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esa labor comenzó a ser desempeñada por hombres, reflejando los cambios que vivía la industria aeronáutica y la evolución de las funciones dentro de las aerolíneas.

Cada vuelo era un acontecimiento. Las despedidas y los reencuentros convertían al aeropuerto en un lugar lleno de emociones.

Para muchos habitantes del Mineral, ver despegar o aterrizar un avión era mucho más que observar una aeronave; era contemplar el progreso de una comunidad que mantenía abiertas sus puertas al mundo.

A través de estas historias, Francisco Javier Portillo invita a rescatar una parte del patrimonio histórico de Cananea, recordando aquellos días en que el sonido de los motores bastaba para despertar la imaginación de los niños, la emoción de las familias y el orgullo de una comunidad que encontró en la aviación un puente hacia nuevas oportunidades.

Porque la historia de Cananea también se escribió desde el aire, entre el rugido de los motores, los sueños de quienes anhelaban volar y la emoción de quienes esperaban, con la mirada puesta en el cielo, el regreso de un ser querido.


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