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Santiago, el viejo pescador que enseña que rendirse no es una opción
Escrito por: Krissia Duarte
Cananea, Sonora, 07 de octubre de 2026.- Hay derrotas que parecen victorias para quienes observan desde afuera, pero también existen batallas en las que el verdadero triunfo consiste simplemente en no rendirse.
Esa es una de las grandes lecciones que deja El viejo y el mar, obra de Ernest Hemingway que fue analizada por la maestra Perla Meraz, directora del Museo de la Lucha Obrera, durante su participación mensual para 12 PM Noticias.
A través de Santiago, un viejo pescador que enfrenta el desprecio, las dudas y una de las pruebas más difíciles de su vida, Hemingway construye una historia que va mucho más allá de la pesca.
Es el retrato de un hombre que decide demostrar, primero a sí mismo, que todavía es capaz de luchar.
Santiago lleva 84 días sin conseguir un solo pez. Su mala racha provoca críticas y hace que algunos lo consideren acabado. Incluso los padres de Manolín, el joven que aprendió a pescar con él, le piden al muchacho que se aleje y busque otro pescador.
Pero Santiago no acepta la derrota como destino y decide volver al mar y aventurarse más lejos de lo habitual. Allí encuentra un enorme marlín y comienza una lucha que se prolonga durante más de dos días.
El esfuerzo físico es extremo, pero el pescador se mantiene firme hasta conseguir vencer al pez.
La historia, sin embargo, todavía tiene un último desafío, durante el regreso, los tiburones son atraídos por la sangre del marlín y comienzan a devorarlo. Cuando Santiago finalmente llega a tierra, está exhausto y del enorme pez solamente quedan el esqueleto y la cabeza.
A simple vista, podría parecer que todo su esfuerzo terminó en fracaso. Sin embargo, precisamente ahí se encuentra una de las mayores enseñanzas de la obra.
Santiago no necesitaba demostrarle a los demás que podía hacerlo. Necesitaba demostrárselo a sí mismo.
Durante la charla, Perla Meraz llevó esta historia a una reflexión sobre las batallas personales y sobre la manera en que las críticas pueden convertirse en un obstáculo cuando permitimos que definan lo que somos capaces de hacer.
La frase atribuida a Hemingway, “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”, resume buena parte del espíritu de la novela.
Santiago puede regresar agotado, herido y sin el premio que esperaba conservar, pero no vuelve siendo el mismo hombre que salió al mar.
La obra plantea así una idea que puede trasladarse a cualquier ámbito de la vida: la perseverancia no significa que siempre se obtiene el resultado esperado, sino que las dificultades, las críticas o incluso los fracasos no tienen la última palabra sobre nosotros.
También aparece Manolín, quien decide permanecer al lado de Santiago después de conocer el desenlace. El joven reconoce nuevamente en su viejo maestro aquello que otros dejaron de ver y muestra que aprender de los demás también implica valorar sus experiencias, sus errores y su capacidad para levantarse.
Más allá del mar, el marlín y los tiburones, la historia termina hablando de una lucha mucho más cercana, la que cada persona libra consigo misma cuando las circunstancias, el cansancio o las opiniones ajenas le hacen pensar que ya no puede continuar.
La reflexión planteada por Perla Meraz invita a mirar a Santiago no como un hombre que perdió un pez, sino como alguien que se negó a aceptar que las críticas determinaran su destino.
Porque quizá una de las mayores victorias de la vida no consiste en demostrarle a los demás que estaban equivocados, sino en no permitir que sus dudas nos convenzan de que ellos tenían razón.
El viejo y el mar permanece, así como una invitación a seguir intentando, aprender de las heridas y entender que, mientras exista la voluntad de levantarse y volver a intentarlo, la historia todavía no termina.





