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SOLDADOS DETENIDOS POR narcomenudeo EN AGUA PRIETA: El uniforme también se corrompe

Escrito por: Redacción

Agua Prieta, Sonora. - La información que hoy sacude a esta frontera no admite matices ni eufemismos: fuentes de la Secretaría de la Defensa Nacional confirmaron la detención de dos soldados en activo, sorprendidos con medio kilo de cristal que presuntamente pretendían distribuir en las calles de la ciudad. No se trata de un rumor ni de una acusación menor, sino de un golpe directo a la credibilidad de una institución que ha sido presentada como pilar del combate frontal contra el narcotráfico.

Los elementos detenidos, identificados como Jonathan “N” y Leonel “N”, pertenecen al Tercer Grupo de Infantería Motorizada, adscrito a la 45 Zona Militar. De acuerdo con la información disponible, ambos viajaban en un vehículo particular y en las próximas horas serán puestos a disposición de las autoridades competentes. El hecho, por sí solo, es grave; su contexto lo vuelve aún más alarmante.

No es, y eso es lo más inquietante, la primera vez que soldados del Ejército Mexicano en Agua Prieta se ven envueltos en escándalos relacionados con drogas. Existen antecedentes, conocidos en los pasillos y comentados en voz baja, de elementos que no solo traicionaron el uniforme, sino que habrían llegado incluso a comercializar sustancias tan letales como el fentanilo. La reincidencia convierte el caso en un patrón que ya no puede ser ignorado.

Resulta francamente vergonzoso que quienes portan armas del Estado y juran proteger a la sociedad terminen alimentando el mismo mercado criminal que dicen combatir. Cada episodio de este tipo erosiona la confianza ciudadana y siembra una duda profunda: ¿quién vigila a los vigilantes cuando el uniforme deja de ser garantía de honor y se convierte en escudo para delinquir?

Es intolerable que servidores públicos encargados de preservar el orden y la justicia participen en la distribución de drogas, socavando de raíz la credibilidad institucional. Agua Prieta no merece vivir bajo la sombra de esta contradicción permanente. La pregunta, inevitable y urgente, sigue en el aire: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo se permitirá que la impunidad y la traición al deber sigan manchando a instituciones que deberían ser ejemplo y no vergüenza?


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